Hace un par de semanas, aquí en La Dobla Bullion añadimos a nuestro rango de piezas dos monedas bullion de plata muy especiales: el Krugerrand y la Britannia con la privy mark del SS Tilawa, que indica que la plata con la que están hechas procede del naufragio de ese barco. Y he de reconocer que cuando pusimos el anuncio no tenía ni puñetera idea de lo que era el SS Tilawa, y mucho menos de su historia. Pero como apasionado de la Segunda Guerra Mundial que soy, me puse a investigar sobre ello, y cuando más investigué, más me enganchó lo que iba encontrándome.
De hecho, me enganchó tanto que decidí que mi primera entrada en el blog de La Dobla Bullion iba a estar dedicada a ella, a su trágico hundimiento, a su épico rescate, y a su mediático juicio.
(Por si acaso no lo sabes, diré que una privy mark es una marca especial que se le ponen a algunas monedas bullion para conmemorar algo o para señalar que la plata procede de un sitio en concreto. En el Krugerrand es la marca del barco a la izquierda de la cabeza del antílope, y en la Britannia, el ancla dentro del círculo a la izquierda del tridente.)


Así que, sin más preámbulo, vamos a ello:
El trágico hundimiento del SS Tilawa
El 23 de noviembre de 1942 el SS Tilawa, un transoceánico propiedad de una compañía privada de transportes británica con base en la India colonial, se encontraba cerca de las Islas Seychelles navegando la distancia entre Mumbai y la ciudad sudafricana de Durban. Después de Sudáfrica, su plan de navegación lo iba a llevar a Mombasa, capital de la actual Kenia y por aquel entonces del África Oriental Británica, y luego a Maputo, la principal urbe de la Mozambique Portuguesa.
En su cubierta, pasajeros procedentes en su mayoría de la India y miembros de la tripulación. En su bodega, unas 60 toneladas de plata que iban a ser descargadas en Sudáfrica, donde se convertirían en monedas circulantes para la propia Sudáfrica y para Egipto.
Pero el Tilawa nunca llegó a su destino.
En la zona estaba el submarino I-29 de la Marina Imperial Japonesa, que luego se haría famoso por participar en las conocidas misiones Yanagi, que -básicamente- eran ir del Japón imperial a la Alemania nazi saltándose los múltiples bloqueos navales aliados, con el objetivo de llevar y traer en secreto tecnología y personas importantes. Suena fácil, pero solo tres submarinos japoneses lo conseguirían durante toda la guerra.
En esa aciaga noche, los instrumentos del I-29 detectaron al Tilawa. Tras una corta persecución, se puso a distancia de torpedo. El capitán dio la orden de disparar, y el torpedo hizo un ruido parecido a un “Pssssh”, para luego emitir un “boom” enorme al impactar contra el barco.
Esa primera explosión causó daños suficientes como para que el barco volcara a la derecha. Tras unos breves momentos de conmoción y pánico, los pasajeros corrieron a los botes salvavidas para intentar escapar de allí con vida. Tuvieron una ventana de unos 50 minutos hasta que…
Pshhh, boom.
Un segundo torpedo del I-29 mandó al malherido Tilawa directamente al fondo del mar. Y con él, a 281 almas que no fueron capaces de subirse a un bote. Los que sí pudieron, 678, acabarían siendo rescatados por el crucero HMS Birmingham.

Un rescate supersecreto
Cuando el piloto británico de coches Ross Hyett se retiró de la competición profesional, contactó con un inversor llamado Paul Marshall, y entre ambos decidieron fundar una pequeña compañía a la que llamaron Argentum Exploration. A través de ella se pusieron, literalmente, a cazar tesoros.
Entre sus primeros objetivos estaba el pecio del Tilawa, que consiguieron localizar en 2014 a una profundidad de 2,5 kilómetros. No era ningún secreto que allí había plata; de hecho la historia del Tilawa es harto conocida en la India, que la considera una de sus grandes tragedias nacionales. Pero, debido a esos 2,5 kilómetros, se creía que sacarla de allí iba a ser imposible.
Aún así, siempre hay algún espabilado que le da vueltas y vueltas a las cosas hasta que los imposibles pasan a ser solo improbables. Y más cuando ese imposible valía en aquel momento unos 43 millones de dólares.
En enero de 2017 Argentum Exploration comenzó en el secreto más total la ejecución de ese plan que ya no era imposible, solo improbable. Tenía, básicamente y simplificando, cinco fases:
- Alquilar un barco de exploración submarina profunda.
- Que ese barco de exploración saque con nuevas tecnologías y procesos los 2391 lingotes de plata que había en el Tilawa (aunque consiguió sacar más de un 90%, no pudo sacarlos todos).
- Cada vez que el barco de exploración fuera a Omán a por provisiones o a rotar su tripulación -lo que pasaba cada 28 días-, dejaría sumergida la plata en aguas internacionales mucho menos profundas, al borde de -pero sin entrar en- la zona económica exclusiva del Sultanato.
- Una vez estuvieran todos los lingotes rescatados, se volverían a cargar en el barco de exploración y serían llevados a Reino Unido dando la vuelta a África y evitando el Canal de Suez, para así no entrar en aguas territoriales de Egipto y evitar que reclamaran la plata. En algún lugar cerca del Cabo de Buena Esperanza se transferirían en secreto al barco de carga Pacific Askari, utilizando una cesta sumergida. El Pacific Askari sería quien finalmente hiciera el último tramo del viaje hasta el puerto británico de Southampton.
- Una vez en Reino Unido, declararían ante el gobierno británico que por fin habían rescatado la plata para así finalmente quedársela tras un tiempo prudencial de alegaciones, tal y como marcaban las leyes inglesas.
Todo esto está documentado por la propia Argentum Exploration, así como por las pruebas presentadas en los juzgados británicos (luego te cuento por qué tuvieron que ir al juzgado). Por ejemplo, aquí tienes el momento en el que se descubren los primeros lingotes de plata:
En el plan de Argentum igual te han llamado la atención dos cosas: que fuera en completo secreto y que no entraran en las aguas internacionales de otro país que no fuera Reino Unido.
¿La razón? Una compañía que igual te suena mucho, dadas sus peleas y desavenencias con el Gobierno de España en los juzgados internacionales debido al tesoro del Nuestra Señora de las Mercedes: Odyssey Marine Exploration.
Se entera Sudáfrica, y todo el mundo al juzgado
Mientras Argentum Exploration hacía sus cositas secretas, en 2016 Odyssey había contactado con el Gobierno de Sudáfrica para contarles que eran capaces de sacar el tesoro del Tilawa. Al fin y al cabo, los sudafricanos habían sido los que habían pagado por la plata, y ya eran sus propietarios cuando el transoceánico se fue al fondo del mar. A decir verdad, el contrato que la empresa americana ofreció al gobierno africano era bastante leonino, ya que estipulaba que el 85% del tesoro sería para Odyssey y el 15% restante para Sudáfrica, pero el gobierno decidió aceptar bajo la premisa de que es mejor el 15% de algo en la mano que el 100% de algo volando.
Cuando Argentum comenzó la extracción en 2017, Odyssey ya tenía a sus barcos en la zona examinado el fondo marino en busca del malogrado pecio, y no cancelaron la búsqueda hasta que saltó la liebre con la llegada de la plata a Reino Unido.
Y, claro, cuando saltó la liebre comenzaron los líos.
Según la ley británica, Argentum tenía que registrar el hallazgo ante las autoridades correspondientes, y luego tenían que esperar un año a que no hubiese alegaciones – o si las había, a que se solucionasen- para tomar posesión definitiva del tesoro.
Sudáfrica no se hizo esperar mucho, y a los pocos días ya tenía alegaciones presentadas. Y ahí es donde empieza una batalla legal que duró 7 años y que pasó por tres niveles diferentes del sistema de justicia británico hasta llegar al mismísimo Tribunal Supremo, por no hablar de la enorme cobertura informativa que tuvo el caso en la esfera mediática angloparlante.
Al final, el caso se redujo a determinar si había intención comercial en que la plata estuviera en el Tilawa y si se podía aplicar la ley de inmunidad soberana a Sudáfrica. Las posibilidades eran dos:
- Si había intención comercial entonces Sudáfrica actuaba como un parte de un contrato y no cabía inmunidad, por lo que la ley le daría la razón a Argentum y ésta tendría derecho a, como mínimo, una recompensa por haber rescatado la carga.
- Si no había intención comercial, entonces Sudáfrica tendría inmunidad ante la ley británica, ya que era un transporte de una propiedad pública sudafricana (la plata) a una instalación pública sudafricana (el edificio de la ceca). Si ese fuera el caso, Argentum no tendría derecho ni a las pipas.
Ahora mismo quizá te estés preguntando qué es exactamente eso de “intención comercial“. Pues, amigo mío, ahí está el quid de la cuestión: lo mismo se preguntaron los abogados de Argentum, los de Sudáfrica, el Tribunal de Primera Instancia de Southhampton, el Tribunal de Apelaciones de Reino Unido, y el Tribunal Supremo del Reino Unido. Ahí es ná.
Resumiendo sobremanera unas argumentaciones muy complejas, esa pregunta se respondía sabiendo si Sudáfrica iba a ganar dinero con la plata al acuñar moneda o no.

Y, resumiendo aún más, el Tribunal de Primera Instancia dijo que sí, que uniendo la acuñación para Egipto más el cargo por señoreaje dentro de Sudáfrica se infería una intención comercial, pero que veía méritos en ambas argumentaciones, así que se lo pasaba al Tribunal de Apelaciones. Y el Tribunal de Apelaciones dijo exactamente lo mismo, pasándole la patata caliente al Tribunal Supremo.
Como te puedes imaginar, el Supremo ya son palabras mayores. Así que, para defender sus posturas, los abogados de ambos lados se lanzaron a buscar pruebas y precedentes en los sitios más recónditos que se te puedan venir a la cabeza. Por ejemplo, entraron en juego el caso de un barco de grano iraquí hundido, y documentos y contratos de 70 años de antigüedad sacados de los archivos históricos nacionales de cuatro países diferentes.
Sin embargo, antes de que el Supremo pudiera dictar sentencia, los litigantes llegaron a un acuerdo. La batalla era tan encarnizada que ambas partes temían que el Tribunal le diera la razón al otro, así que decidieron que lo mejor era ponerse de acuerdo. Aún así, en mayo de 2024 el Supremo decidió dar un veredicto para sentar precedente, y falló a favor de Sudáfrica: la acuñación de moneda se podía haber hecho con otra plata, por tanto no había intención comercial, por tanto Sudáfrica tenía inmunidad, por tanto la plata hubiera sido suya sin tener que pagar nada a Argentum.
El acuerdo: del juzgado a tu bolsillo
En esta historia sólo nos quedan por saber dos cosas: en qué consistía exactamente el acuerdo y cómo llega la plata a la Royal Mint y a la South African Mint para hacer las Britannias y los Krugerrands -respectivamente- con esas privy marks especiales.
Desafortunadamente, el acuerdo es secreto. Lo único que ha transcendido es que Sudáfrica se quedó con una parte indeterminada de la plata, y que Argentum se quedó con otra parte. También sabemos que, además de las monedas con privy mark, han salido a la venta en Estados Unidos lingotes enteros sin procesar sacados directamente del Tilawa.

¿Mi hipótesis? Argentum vendió la plata que le tocó en el acuerdo a varias compañías de Estados Unidos, así como a la Royal Mint. Sudáfrica, por su parte, le dio la plata a la South African Mint. Y luego, la ceca británica y la sudafricana se pusieron de acuerdo para sacar la emisión conjunta que motiva esta entrada, y que ya puedes comprar en La Dobla Bullion (guiño, guiño) para que acaben en tu bolsillo. O bueno, siendo realistas, en tu álbum o en tu pila de plata.

Y mira, es verdad que estas monedas tienen un poquito más de premium que sus versiones sin privy mark. Pero, después de todo lo que te he contado, ¿te parece caro pagar ese par de euros extra por una plata que más que plata es un artefacto histórico? Porque a mí, personalmente, me parece un chollo.



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