Mi abuelo Manolo falleció cuando yo tenía 9 años a causa de un ataque al corazón mientras trabajaba en el terreno que compró después de jubilarse. Siempre llevaba caramelos en los bolsillos para regalárnoslos a sus nietos. Nunca imaginé que encontraríamos su oro y descubriríamos que el Banco de España lo había traicionado.
